Una ola gigante azota el muelle y arrastra a pasajeros
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Una ola gigante azota el muelle y arrastra a pasajeros

Una excursión turística en la costa norte de Tenerife desencadenó una trágica emergencia durante el fin de semana cuando una ola anómala (conocida en la navegación como rogue wave) sobrepasó de forma contundente el espigón central del Puerto de la Cruz, arrastrando mar adentro a diversos pasajeros de cruceros que se encontraban paseando por el perímetro abierto.

Cronología del Accidente y Alertas Climáticas

En el estricto marco temporal de los hechos, las Islas Canarias se encontraban bajo una alerta roja institucional por fenómenos costeros adversos. Las agencias meteorológicas y portuarias habían pronosticado de forma pública la llegada de olas balísticas muy superiores a los cuatro metros, impulsadas por un fuerte mar de fondo.

Pese a que el acceso peatonal al dique en ese momento carecía de vallados físicos que bloquearan íntegramente la entrada, la fuerza imprevista del Océano Atlántico impactó de lleno sin apenas margen de escape:

  • Impacto Inicial: El grupo de turistas afectados observaba el embate costero cuando una inmensa tromba de agua rebasó el muro, los derribó sobre el hormigón y los expulsó al océano.
  • Víctima Fatal: Los servicios autonómicos de emergencias (GES) ejecutaron rescates helitransportados inmediatos, aunque, lamentablemente, confirmaron el fallecimiento por paro cardíaco de una de las cruceristas tras su izado aéreo.
  • Heridos Colaterales: En un radio contiguo (la playa del Roque de Las Bodegas), otra fuerte vertiente del mismo oleaje hirió de gravedad a varios turistas, forzando múltiples evacuaciones médicas terrestres en paralelo.

Efectos Colaterales en la Rotación de Cruceros

A raíz de este evento crítico, se registraron interrupciones logísticas inmediatas en el flujo de excursiones emitidas desde el Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Las cancelaciones preventivas afectaron a miles de pasajeros alojados en megabuques como el Silver Dawn, el Mein Schiff 3, y el imponente Azura, obligando a los capitanes a suspender los tours previstos de la tarde para resguardar el pasaje a bordo frente a la intemperie, marcando un amargo precedente para la administración de excursiones litorales en plena temporada alta europea.

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